Tenía ocasión de acceder a la
iglesia parroquial de san Felices del Rudrón, dedicada al apóstol san Pedro
https://www.foro-ciudad.com/burgos/tubilla-del-agua/habitantes.html
Beatus ille en San Felices del
Rudrón
Dichoso quien, alejado del ruido,
vuelve a San Felices, junto al río,
y halla en su valle, en piedra y en vacío,
un tiempo más sereno y más medido.
No le despierta el móvil enfadado,
ni el tráfico feroz de la ciudad,
sino el gallo, el viento, la verdad
del Rudrón, entre álamos, cantado.
Dichoso quien no adula a los señores
y evita las intrigas y los errores
que el mundo urbano en su interior soporta.
Se sienta al sol, en plaza o en umbría,
y vive en paz su corta, clara día.
Conoce el nombre de cada sendero,
de Covanera al páramo de Lora,
sabe que Nápoles no es la que ignora
quien vive aquí, sino un barrio entero.
La historia late en muros y en la gente:
Crisantos, Marcelino, José, Andrés;
y el precio de la guerra, que aún se siente,
no se olvida en las voces ni en los pies.
La iglesia ojival guarda en su interior
la pila románica, la vieja luz,
y enseña que lo eterno es el amor
que se cultiva en pequeño, en la cruz
de lo sencillo: el río, el pan, la voz,
la piedra, el cielo, el tiempo, Dios.
Dichoso quien, cual Ulises, tras la guerra,
regresa a los suyos con razón,
y elige este rincón de la tierra
para vivir su última estación.
En San Felices del Rudrón, se encierra
la vida que da paz al corazón.



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